viernes, 1 de enero de 2016

Empezando la nueva era



A veces recuerdo un poco, tan solo un poco, en mi familia no había fotos, ni recuerdos que demostraran mi infancia, y tal vez sea el único que jamás ha visto una foto suya de bebe, y es cierto, cuenta de eso no me había dado, no percaté que jamás vi algún rastro de mi nacimiento, mi madre y mi abuela era lo más dulce recordaba, recuerdo esporádicamente, ir a la cama de mi abuela y sentirme protegido, recuerdo endeblemente mi padre trayéndome algún postre de su trabajo, y después todo se ve nebuloso, abstruso bajo esa tormenta de la violencia familiar, mi padre en ese tiempo inadjetivado, era el primer abusador de mujeres que logré ver.

Es 2001, hoy es 10 de septiembre y cumplo 4 años. Están mis primos, y algunas otras personas que no conozco, en la radio suenan canciones infantiles, algunas de esas series mexicanas, también otras de programas infantiles, el de un dragoncito colorido, hay globos, golosinas, pastel, piñata, de repente mi hermano mayor hace algunos juegos, yo quiero ganar en todos, a veces pierdo, y cuando gano no recibo premio, mi madre me dice: "eso es para los invitados Lucas", mi madre es hermosa, tiene los cabellos castaños y los ojos pardos, es de contextura gruesa y no tan alta, la recuerdo así, lo que me gustaba más es que siempre tenías ganas de abrazarla y en sus brazos me sentía contento y protegido, tal vez así me hubiera gustado que siguiera siendo.

Llegó la hora de partir la torta, y me amontono en la fila con los demás niños, yo también quería comer torta, llegando al primer lugar de la fila, mi madre me dice: "la torta es para los invitados, Lucas", me resiento y me quedo en una esquina, esperando y viendo como todos se divierten con sus sorpresas y comen su torta, yo también quería regalos y pastel. Entonces mi madre me pone en una silla detrás de la mesa, allí estaba mi prima de la misma edad que yo, bueno ahora tenía ella un año menos que yo, pero solo sería por una semana más. Ella sonrie y no se queja de no recibir torta aún, la miro y entonces se me pasa el berrinche empiezo a jugar y ver a los demás niños como reciben su pastel, mis dos primos de la misma edad que yo, ya recibieron su porción y saltan y juegan con sus regalos, ellos tienen unos dinosaurios de juguete, los veo a lo lejos como se divierten, mientras yo espero que termine la larga fila de niños, al final llega la hora de la piñata, mi madre me alza en brazos para reventarla, yo quiero estar abajo para recoger los regalos que caerán, le dijo a mi mama que me baje, trato de romper la piñata y no se rompe, de pronto mi madre misma la rompe, y los regalos caen, me escapo de los brazos de mi mamá para bajarme, ella me baja y trato de agarrar algunos dulces, pero no, ya casi no hay, me había bajado muy tarde, otra vez me entristezco, mi fiesta va terminando, ya algunos se retiran, yo me quedo  a un lado en el regazo de mi madre, de repente la música empieza a cambiar por la tecno cumbia que está de moda, y quienes empiezan a bailar son los mayores, el cumpleaños de mi mama es al siguiente día del mío.
Me voy a mi cuarto junto con los regalos que me dieron, recuerdo abrir muchos, no recuerdo si me gustó alguno.
Ya pasaron las doce, es 11 de septiembre del 2001, ya muy de noche me da sueño, y creo que me he quedado dormido,  afuera ellos aún siguen bailando.

A la mañana de ese 11 de septiembre, veo la tele, hay un niño que celebra su cumpleaños, que está parado en una silla viendo como los demás niños hacen una fila para esperar su pastel, y luego unos adultos bailan y se comportan extraño, unas botellas de vidrio van por aquí y por allá, son las mismas botellas que están desperdigadas en la sala de mi casa, "cerveza" dice su etiqueta y la botella de "cachina" está vacía. Una cámara de video VHS está conectada a mi televisión, todo fue grabado.
Cuando llega la hora de comer todo está tranquilo, impasible, como si nada hubiera pasado, como si ese día en el mundo sea como cualquier otro día en los últimos 15 años.

-Lucas Rousseau

01-01-2016