Aveces recuerdo mis magnánimos y
gratos adagios. Aquellos paroxismos de amor. De un inocente calor o abrigo
juvenil. Un bochorno adolescente que iguala que equipara hasta el sentimiento
mas pulcro que pudiera haber. Recuerdos que se dan que habitan , que reinan .
Que anegan de un caudaloso torrente amoroso. Que lleva los sentimientos en el
cielo. Y guardan estos en lo más puro y bello de su ser.

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